conversación con paco alonso . arturo franco

¿De dónde viene Francisco Alonso, como se ha ido construyendo el personaje?

Creo que la arquitectura solamente se puede aprender a través los maestros. He tenido la suerte de tener grandes maestros a lo largo de mi formación. Fuera y dentro de España.

Tuve el privilegio de colaborar y hacer posible mi formación gracias a las dos figuras más importantes del panorama español que eran Alejandro de la Sota y Francisco Javier Sáenz de Oiza y fuera establecí relación con Ove Arup y Max Bill. Por otro lado los estudios de mi tesis doctoral, hecha pero no presentada, fueron dirigidos por Faustino Cordón, un sabio que está en la mente de todos, forma parte de la mitología del conocimiento científico español.

La arquitectura es un oficio muy antiguo que exige la relación maestro-discípulo y no son suficientes los esquemas universitarios ni las prácticas habituales que permiten aproximarse a un oficio de este calibre.

Llegué a las oficinas de Arup en Londres en un momento crucial. Estaban encaminados al desarrollo de los cerramientos vidriados de la ópera de Sydney. En aquellos momentos era una oficina maravillosa en la que había más teteras que ordenadores. Era un trabajo artesanal pero muy serio en la formación técnico científica que lamentablemente en España no existe como cultura. Posteriormente el interés por la obra de Maillart, me llevó a una visita en Zurich al despacho de Max Bill. Y a partir de este momento se estableció un contacto más intenso, más importante.

Es muy difícil describir las aventuras personales, no obstante, algo quedará en mi trayectoria y en mis intereses de todos estos contactos.

¿Por qué Paco Alonso ha generado a su alrededor una imagen tan esquiva?

Bueno, la adversidad y la dificultad de la arquitectura pertenecen a una determinada genealogía, y el fracaso también tiene su método. La adversidad no es un azar. Las exigencias y los presupuestos económicos que se manejan se encuentran muy alejados de lo que la arquitectura es y debe ser. De esta manera se crean una serie de obstáculos que te impiden salir adelante como un valor oficial.

¿Usted ha buscado tropezarse constantemente, ha buscado ser un arquitecto maldito?

No, no lo creo así. Yo creo que la dificultad de la arquitectura no es solamente práctica sino también teórica. Hablemos por ejemplo de la arquitectura española. La dificultad práctica es clarísima, el ser arquitecto español es una contradicción in terminis, es decir, es como una imposibilidad de fondo, no hay una cultura, no hay una formación tecnocientífica firme. Los tres momentos más importantes han sido perdidos. La Ilustración, un momento intenso y del que sólo nos quedan señales, el momento de la República y la Institución Libre de Enseñanza como la segunda etapa de esperanza de la que surgieron muchas cosas, nuestro único sabio, don Ramón y Cajal, como un daimón fundamental.

Y probablemente el momento actual. Si uno repasa la obra de Feijoo, nos damos cuenta de cómo explica cuáles son las dificultades de España frente al retraso en sus formaciones científicas, el conocimiento de la naturaleza, etcétera. Nos damos cuenta de que son las mismas dificultades hoy, exactamente las mismas. Desde un punto de vista práctico podríamos decir que España no es un país de arquitectos.

No pensaba que usted fuera un arquitecto atrapado en un lugar concreto

No lo creo en absoluto, no estrictamente, aunque creo que el arquitecto y el lugar son una misma cosa. El arquitecto es un junco y tiene que dar fe del territorio que le hace posible. No entiendo al arquitecto geográficamente abierto, globalizado, que es capaz de dar una respuesta en cualquier sitio.

La dificultad de la arquitectura, de revelarse como tal, es similar a la historia de la fotografía. Hay un punto en el que la dificultad técnica de la fotografía parece que no solamente está en el proceso, como podría ser en la arquitectura, sino que la aparición de la fotografía coincide en ese momento con que el hombre es fotografiable, por eso cuando vemos daguerrotipos antiguos la imagen nos parece mucho más convincente que la fotografía automática, moderna, parece que la imagen de la realidad ha quedado más prendida, ha costado más esfuerzo y más trabajo pasar de una cosa a la otra y por eso nos convence más. Había una dificultad no solamente técnica sino que la dificultad residía en el hombre también, el hombre decide trasladar su imagen real al documento.

Que las cosas de los hombres sean arquitecturizables, que sean trasladables al mundo lógico de la arquitectura no es fácil. Las cosas cuestan más tiempo de lo que hoy se pretende pensar. La velocidad inherente al trasladar el mundo de la necesidad a lo que la arquitectura puede ofrecer no permite que la imagen arquitectónica se decante adecuadamente.

Bueno, procure no hablar suponiendo que los demás saben lo que usted sabe

Siempre mantengo que la arquitectura no es una ciencia ni mucho menos, más bien sería una no ciencia, una no ciencia que no está ni siquiera en estado larvario, que no será nunca ciencia. Tampoco es un arte, es un no arte. La arquitectura es un saber, no está ni atado a la justificación teleológica de la ortogénesis de las ciencias ni al misticismo representativo de las artes, sino que es un saber como la medicina clínica o la economía política, es un poso sustancial de saberes múltiples, de recetas, de decisiones morales, de experiencias, eso la hace mucho más grande porque exige una parresia, decir la verdad, una calidad moral en el arquitecto imprescindible.

¿Se pueden trasladar estas teorías a la docencia?, ¿Existe algún método?

La arquitectura no tiene un libro de texto. No entiendo a los arquitectos entendidos como profesionales a cargo de una oficina, una empresa en constante producción con proyectos simultáneos. Ser arquitecto exige una extraordinaria formación en todos los términos, en todos los campos, una responsabilidad moral muy honda. Su forma de actuar debería ser más parecida a la de un director de cine. Pensemos en Orson Welles o Coppola, no hacen 20 películas a la vez como hace un estudio de arquitectura. En la posibilidad de la obra surge el equipo, una vez terminada la obra se distribuye se almacena, las personas de confianza pasan a reciclarse y se vuelve a un estado de reposo. Yo entiendo que la arquitectura exigiría este tipo de estructura. Por otro lado una estructura con la responsabilidad de mantenerse, de sobrevivir, no permite una formación, un reciclaje profundo, cultural ni de revisión de su propio papel en la sociedad, no permite la buena arquitectura. El arquitecto tiene que estar libre de esas responsabilidades. Cuidar su información, su formación también y hacerse imprescindible en la necesidad de la obra de arquitectura. No todo lo que se construye tiene que ser arquitectura, puede ser construcción civil. Todo lo que se escribe no es literatura, ni poesía, pero lo que se decide que sea arquitectura, obra pública o privada, exigiría unos mecanismos más libres, de esta naturaleza.

¿Qué papel ocupa el proceso de construcción, de pensamiento, de proyectar?

El proceso de ejecución es el momento más importante, de más propiedad del arquitecto, en el que se dominan los hechos de la arquitectura. La arquitectura pasa posteriormente a ser un bien raíz y nos asombramos de que teniendo reunidos sobre sí materiales tan resistentes de tanta cohesión sea capaz de destruirse tan rápidamente. Las obras se destruyen, qué será de Correos, de Palacios, de tantas obras públicas que son transformables. Quién se atrevería a tocar una obra pictórica, a quitarle una hoja a un cuadro de Antonio López de 30×30. En cambio, la arquitectura es alterable. Realmente el proceso de ejecución, parece, que a pesar de todo, es el momento más respetuoso de la obra misma.

Hay una frase suya: “la arquitectura no es una construcción vestida de domingo”. ¿Esto qué significa?

Adornada, ¿no? La arquitectura arquitectónica, revestida de la propia arquitectura, de atributos que le son propios. Creo que la relación con la tradición es como un ethos, el carácter mismo. La arquitectura arquitectónica es aquella que mantiene un metadiscurso sobre la arquitectura, que lo que trata es de encerrarla en los límites de la propia arquitectura y no tiene ninguna intención de salir de sí misma para conquistar otros terrenos y volverse tradición más adelante. Ahora bien, ese salir de la arquitectura a la conquista de otros territorios no consiste, yo creo, en asomarse al mundo de la nueva matemática, de la nueva ideología, de la publicidad, del grafismo, de la informática, etc.

Creo que la construcción tiene más razón de ser cuando pertenece al mundo de la ética.

El construir. No hay que construir lo que se piensa sino pensar lo que se construye. En el fondo cuando se habla de la arquitectura como lengua, se está pensando exclusivamente en el lenguaje, y de ese fondo común nacen dos líneas filosóficas: el positivismo y la fenomenología, es decir, la filosofía de la razón formal, el lenguaje propiamente dicho y la filosofía de la conciencia. El abandonar esta última es fatal. Y en ese sentido, cuando se olvida, se comienza a pensar de manera equivocada en la tradición, en la idea de la cabaña como el principio de la arquitectura, No lo veo así, creo que la arquitectura está entera desde el principio, desde su origen, su origen nunca fue pobre, como la cabaña primitiva, algo pequeño, pueril, elemental, no lo entiendo así.

Entiendo que la arquitectura estuvo entera siempre, desde la aparición del hombre, en esa ciénaga fósil de ruidos en la que ya se hablaba aunque no hubiera palabras y ya se construía aunque no hubiera arquitectura. En Japón la palabra arquitectura, hasta hace poco no existía, es una palabra utilizada para poder entenderse a través de las revistas de arquitectura del siglo XX, realmente no era necesaria, había una palabra que significaba construir casas y otra que significaba recolectar fondos para construir templos, pero nada más. Entonces, lo que todavía no conocemos del hombre no existente aparece en las revelaciones que descubrimos en la fuerza de su propio arcaísmo. Pensar que no se avanza sino que en el fondo arcaico está todo y que el suelo de lo que llamamos moderno se desploma ante estas consideraciones es complicado.

Hoy se puede mantener el apriorismo de las ideas, Descartes o Kant, es decir, no aprendemos sino que recordamos. Hasta hace poco tiempo eso no se podía mantener sin pruebas. Los últimos descubrimientos en algunos laboratorios de California, los ensayos sobre el cortex cerebral, indican que el hombre plantea continuamente dormido o no, inconsciente o no, trazas geométricas de mundos paralelos. Está continuamente proponiéndolas en crisis y contrastando el mundo exterior con su propio mundo. Por esto puede decirse que en la ciénaga primitiva no había una cabaña, no había elementos, se encontraba la arquitectura entera.

La materia

La arquitectura es una forma, es algo que el hombre admite en verdad, no es una sustancia, es una forma, pero es una forma en el sudario de la materia, esta profunda relación plantea una de las dificultades de la arquitectura hoy. La materia ha enfermado y no podemos seguir dando por hecho una relación que hasta hoy nos ha venido dada con la arquitectura. La técnica ha despoblado los bosques, la destrucción de los animales. La voracidad de la devastación de la tierra como sustancia ha producido una reducción del papel que el material puede plantear como tal. Por tanto la materia se ofrece a la arquitectura como una materia enferma. Lo vemos en las construcciones de hoy, sin vida. Recordemos un ladrillo holandés del siglo XV. La naturaleza está devolviendo la prisa a su manera.

Recuerdo otra frase: “Una vela brilla en la medida en que se gasta”

Sí, lo que pasa es que todo tiene la velocidad adecuada, ¿verdad? Qué arquitecto no querría el tiempo necesario para hacer un proyecto, qué arquitecto no demandaría el tiempo para ejecutar una obra en el tiempo adecuado para la obra. Hoy la arquitectura quiere ser galla, una galla ciencia, todo tiene que ser alegre, divertido, etcétera. Frente a los últimos anuncios sobre Madrid ¿qué tenemos? Tenemos el remedo brancusiano de Calatrava en la Plaza de Castilla, que se mueve. Considera a los ciudadanos como niños, ¡qué divertido! Creo más bien que la arquitectura es una ciencia melancólica porque habla del cuidado de sí mismo como mayor principio, principio délfico. Conócete a ti mismo. El cuidado sobre sí es el más propio de la arquitectura. La arquitectura tiene que ayudar a proponer ethos comunes para que esas reacciones sean posibles. Y hablo de esa melancolía sobre los principios cívicos de la ciudad por este aspecto del cuidado sobre sí, el conocerse a sí mismo. Hacer de tu vida obra de arte. Pero lo que permite hacer de la vida obra de arte en una gran medida debería ser la arquitectura, la ciudad, lo cívico. Lo cívico es lo que eleva el cuidado de sí mismo a ciudadano, al ágora, a decir la verdad. No puede decir la verdad el esclavo, pero el que es libre tiene que admitir el riesgo de poder decir la verdad. Entonces este cuidado de sí, digamos la realización culminante del cuidado de sí, está en las etapas últimas de la vida, ahí es donde se produce, la senectud parece que debería de dar, el ethos organizativo con respecto a la senectud, debería ser el valor más alto de la propia ciudad, y en este sentido podríamos proponer un posible juramento hipocrático de la arquitectura: La naturaleza reina en todas partes, tanto en el cuerpo sano como en el enfermo, en la belleza y en la deformación. Para el arquitecto la vida reviste un valor tan alto y constituye un misterio tan grande que no es capaz de la osadía de convertirse en juez sobre el valor o no valor de la vida individual. Su misión es la de hacer más sana, si es posible, a toda vida amenazada, constituyendo un refugio para ella, manifestando una inteligencia contempladora que se guarda de toda hybris y de la carencia de medida.

La arquitectura que hay que hacer es aquella que nos permite hacer aquello que sin ella no se podría hacer. Este es el tema en definitiva. Todo lo demás sobra. Ese sería su punto justo, su aportación exacta.

Arturo Franco

Publicado en la revista Arquitectura: Revista del Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid (COAM), Nº. 344, 2006.

Enlace a la página web del autor  http://www.arturofranco.es/images/archivos/ART_I_59_C_1.PDF

Imagen: Montaje fotográfico para el concurso de urbanización de la Plaza de Castilla. Francisco Alonso de Santos. 1987.

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Acerca de jmeijide

madrid 1965 . arquitecto desde 1991. máster en proyectos integrados por la fundación camuñas 1992. colabora en el estudio de juan navarro baldeweg entre 1991 y 1993. colabora en el estudio de carlos meijide desde 1993 hasta 2001. profesor de proyectos en la etsa de a coruña desde 1997. estudio propio y colaboraciones individuales con otros arquitectos desde 2001. colabora y escribe en distintos blogs y publicaciones de arquitectura.

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